Algo tan frágil como tan fuerte puede ser una autoestima, puede llegar a ser también muy quebradiza, al igual que dura. Podemos aparentar mucho, pero en verdad podemos ser nada, muy poco. Esa autoestima es nuestro comodín, nuestro mayor aliado, aunque también nuestro mayor enemigo. Son muchas las veces en las que nos hacemos los fuertes, cuando en realidad no somos nada, porque nuestra autoestima nos daña. Es ese arma de doble filo que siendo mal utilizada puede rompernos hasta límites impensables, podemos ser tan frágiles hasta el punto de rompernos en pedazos incapaces de volver a juntarse, incapaces de volver a ser uno, a ser esa persona que antes eras. A veces cuesta mucho mantener esa autoestima alta, os lo aseguro. A todos nos pasa, aunque algunos les cueste reconocerlo; en ciertos momentos de nuestra vida no nos hemos sentido bien con nosotros mismos y estábamos rotos sin que nadie se diera cuenta. ¿Os puedo dar un consejo? Repetiros una y otra vez que podéis, aunqu...
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