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Mostrando las entradas etiquetadas como marcharse

No hay penas que maten.

No hay excusas que bailen al compás de esa última canción que nos prometimos. Que quererse no está de más,  pero quererte ya está de menos,  y así estoy con el orgullo a rastras y el ego tocado a punto de hundirse.  Me conformé con quererte, dejándome de lado. Ya no hay penas que valgan. Ni perdón que lo solucione. Que las cosas pasan porque pasan  y que nunca lo entenderemos. Que a veces los sacrificios son necesarios,  aunque sean duros,  son buenos. Me dolía quererte,  pero me dolió menos marcharme.  Ahora puedo decir que soy libre,   sin quererlo me encerré a mí misma en una jaula a la que decidí llamar libertad,  para así sentirme mejor. Hay palabras vivas y sentimientos muertos,  con ellos morí y en ellas trato de refugiarme para intentar olvidarte. Porque no hay excusas que valgan,  ni penas que maten.

Huida.

Yo soy de esas personas que cuando están huyendo se marchan caminando despacio porque todavía mantiene la esperanza de ser alcanzado, de dar una segunda oportunidad o las que hagan falta. De esperar el tiempo necesario, mientras valga la pena, porque huir es duro y el dolor también, Porque una vez que te vas no puedes volver, porque estas o no, pero no te quedes en el camino, no estorbes. Deja que la otra persona sea feliz y no seas un impedimento de su felicidad, si quieres huir hazlo, huye, vete y no vuelvas, pero jamás te quedes en la puerta, eres libre de irte o de quedarte. De ti depende. ¿Huirías?

Y yo.

Y yo que buscaba razones para quedarme, lo único que encontré eran motivos para marcharme. Y yo nunca me quise ir, pero es que tu hiciste lo posible para que yo no sintiera ganas de quedarme. Entonces decidí quererme más a mi que a ti. Ya era hora de pensar en mi y no en los demás. Aunque al principio te sientas como aquél que ha perdido la ilusión porque le dijeron que toda magia tiene truco.