Algo tan frágil como tan fuerte puede ser una autoestima,
puede llegar a ser también muy quebradiza, al igual que dura.
Podemos aparentar mucho, pero en verdad podemos ser nada,
muy poco. Esa autoestima es nuestro comodín, nuestro mayor aliado, aunque también
nuestro mayor enemigo. Son muchas las veces en las que nos hacemos los fuertes,
cuando en realidad no somos nada, porque nuestra autoestima nos daña. Es ese arma de doble filo que siendo mal
utilizada puede rompernos hasta límites impensables, podemos ser tan frágiles
hasta el punto de rompernos en pedazos incapaces de volver a juntarse,
incapaces de volver a ser uno, a ser esa persona que antes eras.
A veces cuesta mucho mantener esa autoestima alta, os lo
aseguro. A todos nos pasa, aunque algunos les cueste reconocerlo; en ciertos
momentos de nuestra vida no nos hemos sentido bien con nosotros mismos y estábamos
rotos sin que nadie se diera cuenta.
¿Os puedo dar un consejo? Repetiros una y otra vez que
podéis, aunque todo vaya a contra corriente, aunque sintáis que no podáis más,
repetiros esas simples palabras y seguir adelante. Puede que al principio tus
pasos sean inseguros, pero cuando comiences a creer en ti mismo tus pasos no
podrán ser detenidos por nada, ni por nadie.
Ponte frente a un espejo, mírate en silencio, observa cada
uno de tus defectos y virtudes, mírate bien, puede que te cueste reconocerlo
pero acabarás mirándote y sonriendo frente al espejo porque en algún momento
comprenderás que tienes más virtudes que defectos y que esos defectos tontos a
alguien le parecerán maravillosos.
Comentarios
Publicar un comentario