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Mostrando las entradas etiquetadas como sentimientos

No hay penas que maten.

No hay excusas que bailen al compás de esa última canción que nos prometimos. Que quererse no está de más,  pero quererte ya está de menos,  y así estoy con el orgullo a rastras y el ego tocado a punto de hundirse.  Me conformé con quererte, dejándome de lado. Ya no hay penas que valgan. Ni perdón que lo solucione. Que las cosas pasan porque pasan  y que nunca lo entenderemos. Que a veces los sacrificios son necesarios,  aunque sean duros,  son buenos. Me dolía quererte,  pero me dolió menos marcharme.  Ahora puedo decir que soy libre,   sin quererlo me encerré a mí misma en una jaula a la que decidí llamar libertad,  para así sentirme mejor. Hay palabras vivas y sentimientos muertos,  con ellos morí y en ellas trato de refugiarme para intentar olvidarte. Porque no hay excusas que valgan,  ni penas que maten.

Sentimientos.

Tan incontrolables como caprichosos, que te hacen sentir cosas o incluso enamorarte de quien no debes, porque tal vez no es el momento apropiado o no se puede. Yo odio no poder controlar lo que siento, es cierto que uno no elige de quien se enamora, pero hay veces que puedes sentir muchas cosas a la vez y confundirte o no sentirte bien y por lo tanto dañar a la otra persona.  Por eso, suelo ocultar lo que siento, se que no está bien, pero también se porque lo hago.

Arte.

Y lo cierto es que ella no era bonita. No. No lo era. Lo sabía bien, se lo repetía cada vez que se miraba en el espejo. Pero a él le gustaba. Porque ella no era bonita, para nada, ella era arte, si, de ese tipo de arte que no es bonito, ni feo, si no ese tipo de arte que te hace sentir. Y eso es lo que hace ella. Ella como el buen arte te hace sentir. Ella es esa persona que cierras los ojos y la ves, que con su mirada te llena de alegría, ella daba sentido a su vida.