No se veía nada, todo era de color gris, la niebla era tan densa que no dejaba que la vista llegara más lejos que al acantilado que se situaba frente al muelle . Se oía el rumor del mar, las olas venían y se iban, meciéndote poco a poco, sonando muy cerca, aunque yo estaba lejos de ellas. Yo estaba en el muelle y miraba sin mirar a las gaviotas ya que por la niebla que había solo podía oír sus graznidos y escuchar el sonido del agua cuando su cuerpo impactaba con la superficie del mar, donde se sumergían para posteriormente emerger con un pez en su pico. Y allí en la parte más lejana estaba el, tan imponente, tan inquietante con esos salientes que tantas vidas se ha llevado, ese acantilado era mi refugio. Cuando huía ese era mi escondite, debía bajar por un escarpado camino en el que las piedras estaban sueltas y debías tener mucho cuidado para no resbalar y caer hacía esas olas furiosas que impactan una vez tras otra y te engullen para que una vez caigas no vuelvas a sali...
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