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Mostrando las entradas etiquetadas como CRISTALESFRÍOS

CRISTALES FRÍOS. Final.

Mis abuelos decidieron llamar a la policía. Llegaron a su casa al cabo de unos minutos, estuvieron gran parte del día haciéndome preguntas y prácticamente tuve que relatarles toda mi historia. Una historia que a veces hacía que yo misma me ahogara en mis propias lágrimas. Los policías recomendaron a mis abuelos que me llevaran con un psicólogo. Le buscaron por todos lados: en su casa, en el trabajo, por todos lados; pero no apareció. Le pusieron en busca y captura. Tras un par de semanas le encontraron ahogado, pero no se supo si su muerte fue provocada o simplemente el cargo de conciencia o la perspectiva de poder entrar en la cárcel le llevaron al suicidio. -Ahora me doy cuenta de cómo la vida puede cambiar tanto en tan poco tiempo, cómo una persona que estaba tan cerca de ti y a la que ya conocías podría cambiar tu mundo en un simple instante. Cómo un simple desconocido se puede convertir en alguien indispensable para ti. Puedes darte cuenta de que cada persona esconde una his...

CRISTALES FRÍOS. PARTE VII.

El viaje hasta casa de los abuelos fue largo, muchas horas en autobús junto a Noah, en las que dormitábamos, hablábamos y jugábamos, todo ello con algunas miradas poco deseadas. No recordaba muy bien el camino, pero al pasar delante de todos esos edificios grises y tristes para después pasar a ver un paisaje más campestre en el que podías ver corretear a las liebres, a los pájaros hacer piruetas en el aire, como si de un espectáculo se tratara y pretendieran agradar al público. Tras cinco horas sentados en el autobús, llegamos a un pueblo de esos que según vas en la carretera te pasas y ni siquiera te das cuenta de que ya le has pasado. A las afueras se situaba una pequeña casa color amarillo con molduras de escayola blanca alrededor de las ventanas y los balcones, era tal y como la recordaba, con las sillitas en el porche en la que mis abuelos por las noches salían a contemplar el cielo, esas cortinas blancas con un tono amarillento de las ventanas de abajo, que aún con el paso de l...

CRISTALES FRÍOS. PARTE VI.

Abro los ojos y unos naranjas  y blancos y otros colores más tímidos, aparecen poco a poco, como si estuvieran recién sacados de la paleta de un pintor optimista. Qué diferente es si comparamos con el día de ayer, una mañana teñida de grises; pero de esos grises que no sirven para colorear la mediocre normalidad de la rutina, sino para deprimir, para entristecer, para hacer sufrir. Esta mañana comienza pareciendo optimista y alegre, así lo muestran los colores y el estridente aunque soportable graznido de las gaviotas que suenan cerca, puesto que el mar se encuentra debajo. Todas y cada una de ellas piden ser las protagonistas de un día que no necesita nada para poder convertirse en un hermoso día. No recuerdo muy bien qué sucedió anoche, las imágenes se colapsaron en mi cabeza hasta que me desmayé cuando llegamos al acantilado, solo recuerdo una mano fuerte sujetando la mía y una voz, sí era su voz, decía que corriera más y a la vez que preguntaba desesperado dónde podríamos q...

CRISTALES FRÍOS. PARTE V.

Desde aquel día, voy con Noah al instituto y vuelvo, nos hemos hecho amigos. Él no ha vuelto a sacar más el tema de los golpes, yo intento no meterme con él. Somos muy parecidos en ciertos aspectos, tenemos grandes aspiraciones, ganas de probar cosas nuevas, además aunque parezca tonto le gusta leer. El otro día le recomendé un libro, un libro que tengo en mi lista de futuros libros, trata sobre la identidad personal. Es algo que a él le vendría bien, igual que a mí. Ser uno mismo, tener el poder de decisión. Esta idea ronda en mi cabeza desde hace tiempo, pero sobre todo desde estos últimos días. De repente empecé a escuchar  como volvían a sonar los pasos rápidos por la escalera, decididos a hacer daño, ya lo había pensado bien y decidí que tenía que poner fin a esto, ya no quería seguir así, debía enfrentarme al problema, no huir de él y dejar que poco a poco me destruya. Los pasos se detuvieron. Había llegado a la puerta. Abrió de golpe. Otra vez esa asquerosa mirada. Comen...

CRISTALES FRÍOS. PARTE IV.

Ha pasado una semana y no le he vuelto a ver, ha sido una semana como todas las demás, con la misma rutina, día tras día, como siempre. Todo sigue igual, aunque intenté separar la cama de la pared para que no sonara, no sé si lo conseguí. Hoy es uno de esos días que tanto me gustan, días lluviosos en los que hay niebla y hace frío, estaba en la parada de autobús que hay frente al instituto, era penúltima y tenía hora libre así que decidí irme a casa. Vi a un chico sentado tapándose la cara y por un momento pensé que estaba llorando, parecía triste, desolado. -No es tan mal día para estar triste, dicen que a mal tiempo buena cara.-dije, no es que suela hablar con extraños a los que no conozco, pero solo quería hacer sonreír a una persona que no parecía estar bien. -Si tú supieras…-comenzó a decir. -Tu voz me suena familiar…-dejé la frase a medias cuando el levantó la cabeza. Era él.  -Ah, ya veo por qué estas triste, ¿tu papito no te dejó el coche?-le dije y reí con sarc...

CRISTALES FRÍOS. PARTE III.

El estridente e insoportable ruido de la alarma me despertó como cada mañana para ir a clase. Todas las mañanas hacía el mismo ritual, me levantaba poco a poco, adormilada y buscaba algo que ponerme, cuando me quitaba el pijama me miraba en el espejo unos minutos, siempre aparecía ante mí una chica de piel clara, que no llega al metro sesenta, con el pelo anaranjado y unos reflejos rojizos, con unos ojos intimidantemente grandes de color marrón en la zona más externa, mientras que si te fijabas muy bien en ellos en el interior se volvían de un verde oscuro que iba volviéndose claro poco a poco. La chica del espejo tenía una nariz común, no era achatada como la que veía en las fotos de su madre y tampoco era aguileña como la de su padre, en cuanto a sus labios dejaban mucho que desear ya que eran finos; pero lo más característico de esa chica era ese pequeño lunar en la barbilla, que ella tanto odiaba. Me fijaba en cada parte de su cuerpo. Aunque solía detenerme en los ojos y repetirm...

CRISTALES FRÍOS. PARTE II.

Llegamos a casa. La casa en la que vivía junto a mi padre era una pequeña casa adosada de color marrón chocolate con molduras de escayola en color blanco, llevamos dos años viviendo aquí. Mi padre compró esta casa porque era la que le gustó a su prometida. Se iba a casar con una mujer unos años más joven que él, tenían todo organizado, la casa comprada y amueblada, todo por ella. Hasta que mi padre se la encontró en la cama con otro, ahí se terminó todo y nos mudamos a vivir a esta casa. La verdad es que no conozco a los vecinos, solo sé que es una familia de clase media que se da dotes de riqueza, que se creen algo sin ser nada.   Volviendo a mi casita, estaba amueblada de forma bastante moderna, era de concepto abierto. Por lo que al entrar te topabas  con unos sillones color café que rodeaban la chimenea sobre la cual se situaba la televisión, al lado estaba la cocina blanca y gris con unos taburetes de color amarillo. El suelo era de madera, madera que de vez en cuando...

CRISTALES FRÍOS.

No se veía nada, todo era de color gris, la niebla era tan densa que no dejaba que la vista llegara más lejos que al acantilado que se situaba frente al muelle . Se oía el rumor del mar, las olas venían y se iban, meciéndote poco a poco, sonando muy cerca, aunque yo estaba lejos de ellas. Yo estaba en el muelle y miraba sin mirar a las gaviotas ya que por la niebla que había solo podía oír sus graznidos  y escuchar el sonido del agua cuando su cuerpo impactaba con la superficie del mar, donde  se sumergían para posteriormente emerger con un pez en su pico. Y allí en la parte más lejana estaba el, tan imponente, tan inquietante con esos salientes que tantas vidas se ha llevado, ese acantilado era mi refugio. Cuando huía ese era mi escondite, debía bajar por un escarpado camino en el que las piedras estaban sueltas y debías tener mucho cuidado para no resbalar y caer hacía esas olas furiosas que impactan una vez tras otra y te engullen para que una vez caigas no vuelvas a sali...