Esos momentos en los que explotas, en los que no puedes más, en los que lo único que haces es encerrarte, llorar, son momentos en los que quieres irte, dejar todo, no pensar en nadie, solo en ti, ser egoísta y no fijarte en lo que gusta y disgusta a los demás. Esos momentos en los que el mundo se te viene encima, en los que el mundo te come. Momentos en los que quieres cometer locuras, tirar la toalla, dejar de existir; solo porque tu mundo se resquebraja, se rompe, se descompone y dejas de creer y olvidas esas fantasías perfectas, donde todo estaba a tu favor, porque estar en el mundo real, donde todo va a contracorriente, donde nada va a tu favor, donde tú no eres nada, donde tú no eres nadie.
"Bum,bum,bum" Ese inquietante sonido ya ha comenzado, martillea mis oídos de una forma constante, interminable. Desquicia. Desespera. "Bum,bum". Otra vez vuelve a sonar ese tamborileo, sobre todo cuando hay un absoluto y completo silencio a tu alrededor. Comienza a volverte loco, por lo que llenas ese vacío y aterrados silencio con música o con tu propia voz. Desaparece, aunque no del todo. Vuelve a comenzar ese interminable ruido. "Bumbum,bumbum,bumbum..." No para. Cada vez suena más rápido, cuán caballo desbocado. "Bumbum,bumbum,bumbum,bumbum..." Será poco antes de escuchar tu último latido, cuando te des cuenta de que esa molesta melodía era lo más bello que te mantenía con vida. Pero entonces, será demasiado tarde. Todo habrá acabado. Entonces, por fin, todo será silencio. "(Rubatosis = la inquietante conciencia de sentir nuestro propio latido del corazón)"
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