Ir al contenido principal

CRUCE DE CAMINOS. (Parte IV)

Hoy es viernes, todo el mundo está feliz porque es viernes y van a pasar un fin de semana de lujo, pues yo no, tengo que ir a conocer a mi nueva madrastra. Hoy me voy antes de clase, mi padre quiere que vaya a comer con él y así conocer a su nueva "novia" y a su hijo. Y para premio, tengo que hacer una redacción para psicología de qué creo que es la libertad y qué es ser libre.
-¿Te vas? ¿Me dejas?-dijo Ethan, poniendo pucheros.
-Sí, viene mi padre a recogerme en la siguiente hora.
-¿Por qué? ¿Nueva madrastra?
-Sí.
-¿No puede venir a recogerte más tarde?
-¿Qué más te da?
- Iba a pasar el recreo contigo.
-Pues pásalo con tus otros amigos.
-Quería pasarlo contigo.
-Ya, ¿o te han dejado solito?-dije alegre.
-¿Cómo lo sabes?
-Te conozco muy bien.
Mi padre vino como acordamos, me llevó a mi casa a por mi maleta y espero  a que me cambiara de ropa. No quería arreglarme, para ver a mi nueva madrastra, así que opte, por unos simples vaqueros oscuros, una blusa naranja y unas sandalias con tacón, ya que mi padre me había dicho que tenía que ir al menos con tacones por que la comida era en un buen restaurante.
-Cómo has crecido.-dijo mi padre mientras aparcaba.
-Ya.-dije seria.
-Por favor, pórtate bien ¿vale?.-dijo cuando apagó el motor, hizo una pequeña pausa y continuó.- Creo que ella será la definitiva.-dijo y se bajó del coche, yo le seguí., sin volver a mediar palabra con él.
Cuando entramos en el restaurante, esperamos a que nos indicaran que mesa era, en la mesa ya estaba mi madrastra, aunque a decir verdad no se parecía en nada a las otras, esta no parecía que estuviera operada y tampoco parecía que mi padre le sacara muchos años, junto a ella había un chico, juraría que tres o cuatro años mayor que yo, era muy guapo, tenía el pelo castaño y los ojos del mismo color, se parecía mucho a su madre. Cuando madre e hijo nos vieron, ambos sonrieron a la vez y se pusieron en pie para las presentaciones.
-Hola cielo, tú debes de ser Odet, ¿verdad?-dijo mientras me daba dos besos. Quién iba a ser si no, si las demás se han ido.-Yo soy Luz.
-Sí, hola, encantada.-dije.
-Este es mi hijo Ben.-dijo y este se presentó dándome dos besos.
Después de la comida, todos fuimos en el coche de mi padre a su casa.
-Pasaremos el fin de semana en familia chicos.-dijo mi padre cuando aparcó, el viaje fue muy silencioso, aunque a veces mi padre y Luz se decían cosas en bajo.
Coloqué mis cosas en mi habitación de siempre, Ben se instaló en la habitación de invitados, que está justo enfrente de la mía. Como por la tarde no haríamos nada, me cambié de ropa, me puse unas mayas y una camiseta dos tallas más grandes y  empecé con mi redacción para psicología. Cuando por fin decidí que poner, tocaron a mi puerta.
-¿Quién?
-Hola, soy yo-dijo Ben asomando la cabeza por la puerta.
-Ah, hola ¿qué pasa?-dije cerrando el ordenador y sentándome en la cama.
-No sé, no tengo nada que hacer y había pensado que podríamos hablar y así, conocernos más.-dijo sentándose enfrente mía.
-Vale.
-¿Tienes novio?
-No.-dije algo avergonzada.
-¿Te avergüenzas?-preguntó.
-¿Tú tienes novia?-cambié de tema.
-Ahora mismo no.-hizo una pausa y me miró a los ojos-¿por qué te avergüenzas de no tener novio?
-Porque… nunca lo he tenido…-bajé la mirada a mis manos.
-No te tienes que avergonzar de eso.-dijo y me dio un abrazo.
-Bueno, ¿qué estudias?- pregunté cuando me soltó.
-Estoy en el primer año de medicina.
-Pensaba que llevabas más tiempo en la universidad. Te veo más mayor…
-Ya, bueno desperdicie unos años de mi vida.-dijo con una sonrisa falsa.
-Perdón…
-¿Y tú, qué estudias?
-Pues he empezado segundo de bachillerato.
Seguimos contándonos nuestra vida, en plan, hablando de nuestros amigos y todo eso, cuáles son nuestras aficiones y tal.
 Antes de cenar, llame a mi madre.
 Después de cenar hablé con mis niños, Colin y Ethan, no es que se caigan bien y siempre suelen discutir.

Creo que me llevaré bien con Ben, es majo. Su madre no es como las demás, me cae bien, es simpática.

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Palabras".

"Bum,bum,bum" Ese inquietante sonido ya ha comenzado, martillea mis oídos de una forma constante, interminable. Desquicia. Desespera. "Bum,bum". Otra vez vuelve a sonar ese tamborileo, sobre todo cuando hay un absoluto y completo silencio a tu alrededor. Comienza a volverte loco, por lo que llenas ese vacío y aterrados silencio con música o con tu propia voz. Desaparece, aunque no del todo. Vuelve a comenzar ese interminable ruido. "Bumbum,bumbum,bumbum..." No para. Cada vez suena más rápido, cuán caballo desbocado. "Bumbum,bumbum,bumbum,bumbum..." Será poco antes de escuchar tu último latido, cuando te des cuenta de que esa molesta melodía era lo más bello que te mantenía con vida. Pero entonces, será demasiado tarde. Todo habrá acabado. Entonces, por fin, todo será silencio. "(Rubatosis =  la inquietante conciencia de sentir nuestro propio latido del corazón)"

Vivir.

Hay momentos en la vida, más bien etapas, en las cuales "estar vivo"o "viviendo" no es cierto. Hay etapas en nuestra vida en las que solo respiramos, pero no vivimos. Porque respirar y vivir no son los mismo. Respirar lo haces cada día, cada segundo; pero vivir no lo haces siempre. Vivir consiste en reír, llorar,sufrir,amar,romperse,cantar en la ducha a voz en grito, cometer locuras, soñar, dejarse llevar por los sentimientos,ser impulsivo, cumplir tus sueños, no atarse y sobre todo disfrutar cada instante.  Mientras que respirar solo consiste en coger aire y expulsarlo. Por eso mis perdidos lectores, ¿vosotros estáis vivos o solo respiráis?

No hay penas que maten.

No hay excusas que bailen al compás de esa última canción que nos prometimos. Que quererse no está de más,  pero quererte ya está de menos,  y así estoy con el orgullo a rastras y el ego tocado a punto de hundirse.  Me conformé con quererte, dejándome de lado. Ya no hay penas que valgan. Ni perdón que lo solucione. Que las cosas pasan porque pasan  y que nunca lo entenderemos. Que a veces los sacrificios son necesarios,  aunque sean duros,  son buenos. Me dolía quererte,  pero me dolió menos marcharme.  Ahora puedo decir que soy libre,   sin quererlo me encerré a mí misma en una jaula a la que decidí llamar libertad,  para así sentirme mejor. Hay palabras vivas y sentimientos muertos,  con ellos morí y en ellas trato de refugiarme para intentar olvidarte. Porque no hay excusas que valgan,  ni penas que maten.