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CRISTALES FRÍOS. PARTE III.

El estridente e insoportable ruido de la alarma me despertó como cada mañana para ir a clase. Todas las mañanas hacía el mismo ritual, me levantaba poco a poco, adormilada y buscaba algo que ponerme, cuando me quitaba el pijama me miraba en el espejo unos minutos, siempre aparecía ante mí una chica de piel clara, que no llega al metro sesenta, con el pelo anaranjado y unos reflejos rojizos, con unos ojos intimidantemente grandes de color marrón en la zona más externa, mientras que si te fijabas muy bien en ellos en el interior se volvían de un verde oscuro que iba volviéndose claro poco a poco. La chica del espejo tenía una nariz común, no era achatada como la que veía en las fotos de su madre y tampoco era aguileña como la de su padre, en cuanto a sus labios dejaban mucho que desear ya que eran finos; pero lo más característico de esa chica era ese pequeño lunar en la barbilla, que ella tanto odiaba. Me fijaba en cada parte de su cuerpo. Aunque solía detenerme en los ojos y repetirme que no pasaba nada, que algún día todo cambiaría, que cuando cumpliera los dieciocho podría irme de esta casa, lejos de él y comenzar una nueva vida. Esas eran mis fantasías, mis sueños. Cuando salí de casa quedaban cinco minutos para que el autobús saliera de la parada, así que corrí como no había hecho nunca en las clases de educación física. Pero justo cuando me quedaban veinte metros, el autobús comenzó a echar un humo muy espeso y negro a través de los tubos de escape, clara señal de que estaba arrancando. Grité que parara, pero no lo hizo. Se marchó. No estaba yo sola ahí como una tonta gritando al autobús, delante de mi había un chico que escupía todo tipo de palabras, pero ninguna buena, al autobús y al conductor.
-Venga, ¿por qué no dices más?-dije irónicamente.
-¿Perdón? ¿Me hablas a mi?-contestó el bruscamente.
-No, hablaba con la señal, por lo que veo es más educada que tú.-dije enfadada.-Gilipollas-susurré.
-Te he oído.
-Ah, mira tú qué bien, no eres sordo. ¿Te aplaudo?
No me contestó. Me ignoró y eso hizo daño a mi ego. Me fijé detenidamente en su aspecto, ropa de marca, pelo muy repeinado… Niño de papá sentencié.
Me dirigí al banco que había en la parada del autobús, no tenía otra mejor opción que esperar al siguiente, porque no llamaría a mi padre. No, eso no.
-¿Me dejas pasar?- le pregunté.
-¿Me puedes dejar tu en paz, chica?- espetó.
-¿Qué te pasa, papá no te dejó su BMW para ir a clase? Qué pena que tengas que rebajarte a ir en autobús. Pobrecito, debe ser un trauma muy grande para ti.-dije a la vez que apartaba sus piernas del medio.
-Tú no me conoces, no hables de mi. No sabes nada de mí, así que por favor. Cállate la boca.
-Vaya, tienes educación. Hicieron un buen trabajo contigo, sabes decir por favor. Tu padres deben de estar orgullosos de que sepas decir por favor…-decía irónicamente, a la vez que movía de forma exagerada los brazos en el aire.
-Me imagino que el tuyo no lo estará de ti.-espetó de forma fría y secante, dejándome con la frase a medias.
-¿A qué te refieres?-susurré.
-Ya no estás tan graciosa, ¿no?-soltó una carcajada.- Tú seguro que no sabes quién soy, pero yo a ti te conozco, no he visto un pelo tan diferente en mi vida, es raro.-sonrió con malicia.
-¿Nunca has visto a una pelirroja?
-Sí, pero de bote. ¿Tu color lo es? ¿Me dejas comprobarlo?
-¿De qué hablas?-eso no me había gustado, su tono, sus palabras…
-Vivo al lado, la pared de mi habitación da con la tuya. ¿Sabes cuantas veces te he oído leer en alto? Eso me gusta, pero ¿sabes cuantas veces he oído tu cabecero dar una vez tras otra contra la pared? ¿Cuántos tíos te llevas a casa? ¿Repites todas las veces con el mismo? No te debe de gustar mucho, no gimes.
Eso me heló, mis ojos estaban llenos de lágrimas. Alguien más sabía el secreto, no podía creerlo. Se oía todo. Mis vecinos lo oían.
Salí de la parada, me puse los cascos y me marché en dirección contraria. Me fui a mi refugio, hoy no iría a clase.

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Seamos así.

Seamos eso que todos quieren llegar a ser, pero siendo nosotros mismos y consiguiendo todo aquello que queremos. Seamos todas esas promesas que nos hicimos un día. Seamos ese cuento de hadas frente a todos, tú el príncipe y yo la princesa, aunque el cubo de la basura sea nuestro castillo, pero vivamos esa historia que siempre hemos imaginado. Seamos un película porno cada noche. Seamos nosotros. Seamos así.

Vivir.

Hay momentos en la vida, más bien etapas, en las cuales "estar vivo"o "viviendo" no es cierto. Hay etapas en nuestra vida en las que solo respiramos, pero no vivimos. Porque respirar y vivir no son los mismo. Respirar lo haces cada día, cada segundo; pero vivir no lo haces siempre. Vivir consiste en reír, llorar,sufrir,amar,romperse,cantar en la ducha a voz en grito, cometer locuras, soñar, dejarse llevar por los sentimientos,ser impulsivo, cumplir tus sueños, no atarse y sobre todo disfrutar cada instante.  Mientras que respirar solo consiste en coger aire y expulsarlo. Por eso mis perdidos lectores, ¿vosotros estáis vivos o solo respiráis?

Vale la pena.

Entonces te das cuenta de quién está ahí para ti a horas impensables, quien se desvela contigo cuando los recuerdos te atormentan, quién se tumba junto a ti cuando has caído y no quieres ponerte en pie de nuevo, esa persona que intenta sacarte una sonrisa cada día, esa persona que hace todo lo que puede para que no te agobies; ya sea contándote historias o hablando de cualquier tontería. Te das cuenta de quien es tu apoyo , tu soporte... Es en un momento cualquiera en el que te vuelves consciente de lo que esa persona hace por ti, te das cuenta de que sí te quiere; porque de no ser así, no haría todo lo que hace por ti. Es entonces cuando te das cuenta de quién vale la pena, de quién debe estar junto a ti. Solo debes pararte a pensar en quién está dispuesto a hacer cosas por ti, si alguien no está dispuesto a hacer lo mismo por ti de lo que haces tú por esa persona; si no es así aléjala de tu vida, valdrá la pena.