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Quien mucho se ausenta.

Dicen que quien mucho se ausenta, pronto deja de hacer falta, tal vez tengan razón.
No podemos creernos necesarios o irreemplazables , porque lo eres, sí, lo somos. Todos y cada uno de nosotros somos reemplazables, quizá no del mismo modo o de la misma manera, pero lo somos.
Somos tan sumamente engreídos, egocéntricos y estúpidos, que creemos que porque una persona nos quiera va a aguantar todo lo que le echemos. Obviamente que no, el amor es ciego, claro que sí. Porque a pesar del daño que nos hagan, vamos a seguir a pie de cañón defendiendo con una fe ciega a esa persona que queremos. El amor es ciego, pero no tonto, en algún momento de la historia a esa persona se le caerá la venda. Y dejará de tropezar con la misma piedra, pondrá las cartas sobre la mesa y en ti estará la decisión de seguir con el mismo juego o dejar de ser tan capullo.
Quien mucho se ausenta pierde grandes cosas, momentos que podría haber vivido, personas... Pero es tan egoísta por tú parte pensar solamente en ti mismo, no te llegas a  replantear que la otra persona también quiera ser escuchada, consolada, ayudada, abrazada o querida. No, eso no pasa por tu cabeza, eso es mucho pedir para ti. Tan solo vuelves cuando tienes problemas y no hay nadie a tu alrededor para consolarte.
¿De verdad la otra persona merece esto? Creo que no.
Nadie merece esa situación.
Vete.
Pero hazlo de una vez, no te quedes en la puerta estorbando.
Aléjate de esa persona, nadie vale tan poco para soportar esa situación, esas idas y venidas.
Respira hondo, suelta ese aire y también todas esas cosas que te has callado. No temas, ya has hecho todo el daño que podías hacer. Después recoge los últimos pedazos de orgullo que te quedan y vete de ahí.
No vuelvas, las personas nunca cambian y tú nunca lo has hecho.

Dicen que quien mucho se ausenta pronto deja de hacer falta, yo creo que tú ya sobras.

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