Pensamos como estúpidos que una historia tiene comienzo y fin, pero la verdad es que no es así. Aún sin que nos demos cuenta una historia puede estar forjándose ante nuestras propias narices y no lo vemos, también puede acabarse y tampoco nos fijamos en ello.
Y es que una historia no comienza ni termina de modo repentino, si no que depende de la perspectiva con la cuál miremos el mundo. Solamente tienes que echar la vista atrás y verás más de una historia que comenzó en tu vida y ya terminó, solo deberás dejar pasar el tiempo para poder ver que historias son las que te tiene preparadas el destino. Entonces podrás ver y juzgar cuál de ellas es más bonita o cual es peor, pero sobre todo cuál de todas ellas tiene el mejor final.
Las historias son constantes, todas se repiten una vez tras otra en nuestra vida, muchas de esas veces no nos damos cuenta de su comienzo y empezamos a leer a medias, somos así de ciegos. Pero por eso mismo no debemos quedarnos sentados esperando unas simples páginas para leer, debemos ponernos en pie y comenzar a escribir la mejor de las historias jamás antes contadas.
Nuestra propia historia.

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