Ir al contenido principal

Invisible.

¿No hay veces en las que te sientes invisible?
En las que por más que haya gente a tu lado, por más que esa persona intente hacerte sonreír, por más veces que te digan te quiero... ¿no os sentís invisible?
Pues yo sí y hoy es una de esas veces.
Una de tantas.
Hay momentos en los que una ya se acostumbra a estar sola, a no tener a nadie a quién recurrir en los peores momentos y no tener a nadie a quien contar las cosas buenas que te pasan. 
Pero, lo peor son esos momentos de bajón en lo que no tienes a nadie alrededor que te diga que todo irá bien, que solo es un momento tonto que ya pasará; pero la triste realidad es que nunca hay nadie ahí para ti, cuando tú siempre estas para el resto, cruel y dolorosa verdad.
¿Cuántas veces habéis llorado en silencio? Supongo que todos más de una vez lo habremos hecho y supongo que todos sabemos lo que duele llorar sin hacer el mínimo ruido, llorar por dentro para que nadie se entere.
A veces echo la culpa al mundo, a la gente por que no se adaptan a mi, por que no me aceptan; pero he llegado a la conclusión de que la que no se adapta soy yo, porque si ni yo misma me acepto, ¿alguien lo hará? No, supongo que no.
Hay veces en las que ni yo misma se lo que me pasa, no sé la razón, pero me siento vacía y no hay nada, ni nadie que sea capaz de llenar ese hueco. No hay nada que me haga sentir un poco mejor.
Tal vez por que ya me haya acostumbrado a esta extraña sensación y lo peor de todo no es que solamente sufra yo, si no que también hago sufrir a algunas personas que de verdad si quieren ayudarme. Y aunque se que muchas veces he dicho y me he propuesto cambiar, mejorar, no puedo, la verdad es que cuando estoy apunto de conseguirlo me rindo, a lo mejor porque mi autoestima es baja y no me siento con fuerzas de seguir, porque a lo mejor no me veo capaz. No lo sé, porque hay veces en las que ni yo misma me comprendo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Palabras".

"Bum,bum,bum" Ese inquietante sonido ya ha comenzado, martillea mis oídos de una forma constante, interminable. Desquicia. Desespera. "Bum,bum". Otra vez vuelve a sonar ese tamborileo, sobre todo cuando hay un absoluto y completo silencio a tu alrededor. Comienza a volverte loco, por lo que llenas ese vacío y aterrados silencio con música o con tu propia voz. Desaparece, aunque no del todo. Vuelve a comenzar ese interminable ruido. "Bumbum,bumbum,bumbum..." No para. Cada vez suena más rápido, cuán caballo desbocado. "Bumbum,bumbum,bumbum,bumbum..." Será poco antes de escuchar tu último latido, cuando te des cuenta de que esa molesta melodía era lo más bello que te mantenía con vida. Pero entonces, será demasiado tarde. Todo habrá acabado. Entonces, por fin, todo será silencio. "(Rubatosis =  la inquietante conciencia de sentir nuestro propio latido del corazón)"

Vivir.

Hay momentos en la vida, más bien etapas, en las cuales "estar vivo"o "viviendo" no es cierto. Hay etapas en nuestra vida en las que solo respiramos, pero no vivimos. Porque respirar y vivir no son los mismo. Respirar lo haces cada día, cada segundo; pero vivir no lo haces siempre. Vivir consiste en reír, llorar,sufrir,amar,romperse,cantar en la ducha a voz en grito, cometer locuras, soñar, dejarse llevar por los sentimientos,ser impulsivo, cumplir tus sueños, no atarse y sobre todo disfrutar cada instante.  Mientras que respirar solo consiste en coger aire y expulsarlo. Por eso mis perdidos lectores, ¿vosotros estáis vivos o solo respiráis?

No hay penas que maten.

No hay excusas que bailen al compás de esa última canción que nos prometimos. Que quererse no está de más,  pero quererte ya está de menos,  y así estoy con el orgullo a rastras y el ego tocado a punto de hundirse.  Me conformé con quererte, dejándome de lado. Ya no hay penas que valgan. Ni perdón que lo solucione. Que las cosas pasan porque pasan  y que nunca lo entenderemos. Que a veces los sacrificios son necesarios,  aunque sean duros,  son buenos. Me dolía quererte,  pero me dolió menos marcharme.  Ahora puedo decir que soy libre,   sin quererlo me encerré a mí misma en una jaula a la que decidí llamar libertad,  para así sentirme mejor. Hay palabras vivas y sentimientos muertos,  con ellos morí y en ellas trato de refugiarme para intentar olvidarte. Porque no hay excusas que valgan,  ni penas que maten.