Y es que solo somos esos, niños perdidos en un mundo. Un gran mundo en el que intentamos hacernos hueco, en el que todos nos creemos algo, nos creemos importantes, fuertes valientes, los mejores, aunque a veces ese gran mundo nos cohíba.
Somos esos niños grandes que un día dejamos de ser, porque cuando eramos niños no queríamos ser niños si no grandes y hacíamos cosas de mayores o lo intentábamos para que no nos consideraran niños.
De niños podíamos hacer de todo, porque nos daba igual el que dirán de mi o que piensan sobre mi o si hago esto esta bien o mal. No pensábamos, solo nos movíamos por impulsos, por deseos, por lo que nuestro cuerpo pedía sin hacer caso a la mente, a todo aquello que esta nos pueda decir. ¿Pero ahora? Algunos todavía nos dejamos guiar por impulsos, otros son muy razonados y es su propia mente la que los cohíbe y no les deja disfrutar como deberían. Pero hay veces que algunos impulsos que antes no reprimías ahora has comenzado a reprimirlos a no actuar tan impulsivamente, si no a pensarlo más de una vez antes de actuar, tal vez por la sociedad, el momento o solo porque has madurado y no piensas como antes.
Muchos de nosotros, muchos que no disfrutamos de esa infancia por querer aparentar y ser mayores, ahora se han dado cuenta que esa infancia no vivida era mejor que ser mayor, porque supongo que todos nos hemos dado cuenta de que las heridas que ahora nos hacemos no tienen sangre, pero si nos quebramos y eso duele el doble que una rozadura en la rodilla o un chichón en la cabeza.
¿Cuántos de vosotros querría volver a ser niño?
Somos esos niños grandes que un día dejamos de ser, porque cuando eramos niños no queríamos ser niños si no grandes y hacíamos cosas de mayores o lo intentábamos para que no nos consideraran niños.
De niños podíamos hacer de todo, porque nos daba igual el que dirán de mi o que piensan sobre mi o si hago esto esta bien o mal. No pensábamos, solo nos movíamos por impulsos, por deseos, por lo que nuestro cuerpo pedía sin hacer caso a la mente, a todo aquello que esta nos pueda decir. ¿Pero ahora? Algunos todavía nos dejamos guiar por impulsos, otros son muy razonados y es su propia mente la que los cohíbe y no les deja disfrutar como deberían. Pero hay veces que algunos impulsos que antes no reprimías ahora has comenzado a reprimirlos a no actuar tan impulsivamente, si no a pensarlo más de una vez antes de actuar, tal vez por la sociedad, el momento o solo porque has madurado y no piensas como antes.
Muchos de nosotros, muchos que no disfrutamos de esa infancia por querer aparentar y ser mayores, ahora se han dado cuenta que esa infancia no vivida era mejor que ser mayor, porque supongo que todos nos hemos dado cuenta de que las heridas que ahora nos hacemos no tienen sangre, pero si nos quebramos y eso duele el doble que una rozadura en la rodilla o un chichón en la cabeza.
¿Cuántos de vosotros querría volver a ser niño?
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