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LA VENGANZA ESTÁ ECHADA. Capítulo 3.

-Perdón, no quise asustarte…¿Wade…?-dijo él mientras se sentaba a mi lado.
-Da igual-digo sin mirarle. Ya que él no me puede ver, no puede ver que yo sea Kristen.
-¿Cuál es tu nombre preciosa?-dijo intentando mirarme a la cara.
-No sé por qué me llamas preciosa, si ni siquiera me has visto. Podría ser un orco o estar desfigurada. Quién sabe.-digo mirando por la ventana y dándole completamente la espalda a ese "extraño".
-¿Sabes tía? No soy ese típico chico de las películas o de los libros, que va de malote y simplemente se fija en el exterior, en que la tía sea guapa y tenga buen culo o buenas tetas, ¿sabes?. Eso es lo que últimamente aparece en los libros, el chico guapo y cachas, sin cerebro que es un mujeriego y se folla a todas, y que luego después de tanto jugar con las tías aparecerá una que jugará con él y le volverá tonto. Tampoco soy de esos  que para divertirse corre en carreras ilegales o hace peleas clandestinas, para creerse el mejor.-dijo alterado, respiro tranquilo y siguió- ¿Sabes? Cuando he dicho que eras preciosa me refería a como eras interiormente, pero ya me he dado cuenta de que eres una mierda de persona. 
-Esa es tú opinión hacia mi persona, pero yo no la comparto contigo en absoluto. Para ti mi nombre es Stephany Wade, ¿vale?-dije al tiempo que le miraba directamente a los ojos, a esos ojos cafés que no habían cambiado y seguían mostrando la misma seguridad y picardía que siempre.
Hubo un silencio para nada incomodo, solamente nos mirábamos a los ojos y lo demás no existía, mi barrera se rompió, se cayeron todos mis muros. Mis esquemas se hicieron añicos. Todo estaba perdido.
-Señor Pierce y señorita Wade, hagan el favor de prestar un poco de atención a la pizarra, por favor.-dijo el señor Haddon- Señor Pierce,¿ me haría el favor de salir aquí y realizar este problema?-dijo con una sonrisa burlona, sabía que no podría resolverlo.
-Claro-dijo muy tímido, levantándose poco a poco de la silla y arrastrando la mesa hacia delante, haciendo un ruido horrible.
-Si no sabe hacerlo él, saldrá usted, señorita Wade-dijo sonriéndome, cuando por fin llegó a la pizarra.
Entonces yo invoqué a los dioses o a las estrellas o lo que sea que haya que nos mueve, para que el supiera hacerlo. Se perfectamente lo que pasa cuando no sabes hacer algo en la pizarra por que el profesor te haya llamado la atención varias veces, y me niego a aguantarle en los recreos explicándome las cosas como si fuera tonta; pero aunque a decir verdad aprobé ese examen gracias a eso…
Pero él lo supo hacer correctamente, hasta el estúpido de Haddon se quedó sorprendido por ello.
-Bien, siéntase, no vuelva a distraerse.-dijo serio. Se notaba que él hubiera preferido que hubiera fallado y así "castigarnos" a los dos.
Para mi alegría solo quedaban un par de minutos para poder ir al gimnasio y después a mi preciosa casa.
Cuando tocó para el cambio de clase, fui muy veloz y me escabullí de la gente, hasta llegar al gimnasio, allí estaba Alicia, esperándome, me tomo las medidas necesarias y después llamo a la tienda donde los encargaban.
Alicia, era muy simpática, podríamos llegar a ser muy buenas amigas, después de despedirnos, yo me encaminé hacia mi hermoso Jace, que me esperaba justo dónde le dejé esta mañana. Pero justo cuando llegaba, le vi ahí, apoyado en el capó. Cuando estaba casi al lado tosí varias veces para que me escuchara perfectamente.
-Bonito coche-dijo con una de esas irresistibles sonrisas que tanto le caracterizaban.
-Ya, mmm…¿te quitas?-dije fríamente. Él se levanto.
-Kristen… tenemos que hablar- dijo serio.
-Lo siento, te estás confundiendo, yo no soy Kristen, soy Stephany, ya te lo dije, que pena que no tengas memoria-dije muy cortante, mientras me disponía a abrir la puerta del coche.
-Te conozco mejor que nadie, a mi no me mientes Kris-gritó, estaba muy enfadado, yo retrocedí, pero después lo pensé mejor y di un paso al frente muy decidida, quedando frente a frente con él.
-Yo no tengo nada de qué hablar contigo Dwayne, esa Kris desapareció, para ti no existo, así que mejor, ves olvidándome. Tú me abandonaste, me dejaste sola cuando más lo necesitaba, sufrí mucho más por tu ausencia que por  lo que los demás me hacían. Tú tienes la culpa de todo lo que me ha pasado. ¡TE ODIO!- empecé a llorar y muy rápidamente, me metí en el coche, para alejarme de él, para sacarle de mi cabeza, para borrarle de mi corazón…

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Seamos así.

Seamos eso que todos quieren llegar a ser, pero siendo nosotros mismos y consiguiendo todo aquello que queremos. Seamos todas esas promesas que nos hicimos un día. Seamos ese cuento de hadas frente a todos, tú el príncipe y yo la princesa, aunque el cubo de la basura sea nuestro castillo, pero vivamos esa historia que siempre hemos imaginado. Seamos un película porno cada noche. Seamos nosotros. Seamos así.

Vivir.

Hay momentos en la vida, más bien etapas, en las cuales "estar vivo"o "viviendo" no es cierto. Hay etapas en nuestra vida en las que solo respiramos, pero no vivimos. Porque respirar y vivir no son los mismo. Respirar lo haces cada día, cada segundo; pero vivir no lo haces siempre. Vivir consiste en reír, llorar,sufrir,amar,romperse,cantar en la ducha a voz en grito, cometer locuras, soñar, dejarse llevar por los sentimientos,ser impulsivo, cumplir tus sueños, no atarse y sobre todo disfrutar cada instante.  Mientras que respirar solo consiste en coger aire y expulsarlo. Por eso mis perdidos lectores, ¿vosotros estáis vivos o solo respiráis?

Vale la pena.

Entonces te das cuenta de quién está ahí para ti a horas impensables, quien se desvela contigo cuando los recuerdos te atormentan, quién se tumba junto a ti cuando has caído y no quieres ponerte en pie de nuevo, esa persona que intenta sacarte una sonrisa cada día, esa persona que hace todo lo que puede para que no te agobies; ya sea contándote historias o hablando de cualquier tontería. Te das cuenta de quien es tu apoyo , tu soporte... Es en un momento cualquiera en el que te vuelves consciente de lo que esa persona hace por ti, te das cuenta de que sí te quiere; porque de no ser así, no haría todo lo que hace por ti. Es entonces cuando te das cuenta de quién vale la pena, de quién debe estar junto a ti. Solo debes pararte a pensar en quién está dispuesto a hacer cosas por ti, si alguien no está dispuesto a hacer lo mismo por ti de lo que haces tú por esa persona; si no es así aléjala de tu vida, valdrá la pena.