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FRASEANDO.

¡Hola mis perdidos lectores! ¿Qué tal? ¿Cómo va eso? Espero que genial, ya sé que ayer al final no subí nada, básicamente no pude hacerlo. Por eso hoy si que que sí os voy a subir todo, menos la del viernes porque no sé de qué hablaros, ¿vale?
Bueno, la semana pasada hablamos de esta frase: "No importa lo que digan los demás; lo único importante es mantenerse en pie". 
La frase de esta semana es de William Shakespeare: 
"EL DESTINO BARAJA LAS CARTAS, PERO NOSOTROS SOMOS LOS QUE LAS JUGAMOS." 
Me gusta esta frase, porque debo deciros que en mi opinión tiene mucha razón, ¿por qué?  Pues nosotros somos los que tenemos el poder o la capacidad de decidir. Con esto quiero decir que puede ser el "destino" o "Dios" o como queráis llamarlo quien hace que en tu vida surjan oportunidades o diferentes opciones, pero tu eres el que decide qué cosa quiere que suceda antes o después. Puede que ese destino ponga ante ti  diferentes opciones como por ejemplo, una cosa magnífica que después traerá a tu vida algo malo o algo que no está mal del todo y luego te traerá a tu vida algo maravilloso, tu tienes esas dos opciones y puedes elegir (ya sea por instinto o no). A primeras seguramente muchas personas elegirán lo bueno, pero no sabrán que después vendrá algo malo, entonces será cuando culpen al destino. ¿Por qué? Porque piensan que el destino es quien mueve su vida, pero no, somos nosotros mismos quienes movemos nuestra propia vida y si damos ese poder a alguien externo (existente o no) somos estúpidos.
Con todo esto os quiero decir mis perdidos lectores, que la vida os presentará distintas opciones o salidas a algún problema o simplemente opciones, pero está en vosotros mismos decidir que es lo que queréis hacer, nadie más tiene ese poder. 

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"Palabras".

"Bum,bum,bum" Ese inquietante sonido ya ha comenzado, martillea mis oídos de una forma constante, interminable. Desquicia. Desespera. "Bum,bum". Otra vez vuelve a sonar ese tamborileo, sobre todo cuando hay un absoluto y completo silencio a tu alrededor. Comienza a volverte loco, por lo que llenas ese vacío y aterrados silencio con música o con tu propia voz. Desaparece, aunque no del todo. Vuelve a comenzar ese interminable ruido. "Bumbum,bumbum,bumbum..." No para. Cada vez suena más rápido, cuán caballo desbocado. "Bumbum,bumbum,bumbum,bumbum..." Será poco antes de escuchar tu último latido, cuando te des cuenta de que esa molesta melodía era lo más bello que te mantenía con vida. Pero entonces, será demasiado tarde. Todo habrá acabado. Entonces, por fin, todo será silencio. "(Rubatosis =  la inquietante conciencia de sentir nuestro propio latido del corazón)"

Vivir.

Hay momentos en la vida, más bien etapas, en las cuales "estar vivo"o "viviendo" no es cierto. Hay etapas en nuestra vida en las que solo respiramos, pero no vivimos. Porque respirar y vivir no son los mismo. Respirar lo haces cada día, cada segundo; pero vivir no lo haces siempre. Vivir consiste en reír, llorar,sufrir,amar,romperse,cantar en la ducha a voz en grito, cometer locuras, soñar, dejarse llevar por los sentimientos,ser impulsivo, cumplir tus sueños, no atarse y sobre todo disfrutar cada instante.  Mientras que respirar solo consiste en coger aire y expulsarlo. Por eso mis perdidos lectores, ¿vosotros estáis vivos o solo respiráis?

No hay penas que maten.

No hay excusas que bailen al compás de esa última canción que nos prometimos. Que quererse no está de más,  pero quererte ya está de menos,  y así estoy con el orgullo a rastras y el ego tocado a punto de hundirse.  Me conformé con quererte, dejándome de lado. Ya no hay penas que valgan. Ni perdón que lo solucione. Que las cosas pasan porque pasan  y que nunca lo entenderemos. Que a veces los sacrificios son necesarios,  aunque sean duros,  son buenos. Me dolía quererte,  pero me dolió menos marcharme.  Ahora puedo decir que soy libre,   sin quererlo me encerré a mí misma en una jaula a la que decidí llamar libertad,  para así sentirme mejor. Hay palabras vivas y sentimientos muertos,  con ellos morí y en ellas trato de refugiarme para intentar olvidarte. Porque no hay excusas que valgan,  ni penas que maten.