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CRUCE DE CAMINOS (Capítulo I)

Dicen que la vida hay que vivirla intensamente, como si no hubiera un mañana, solo pensando en el presente, que cometas locuras y te arrepientas, que llores por el error cometido y vuelvas a la carga. Sí, yo también creo que hay que vivir intensamente, pero no por ello debes gastar todos tus cartuchos a la vez.
Todos son felices, eso es lo que muestran en sus fotos, felicidad. Debo decir que yo no me incluyo entre esas personas.
Yo me considero diferente, pero no especial.
El mundo es un lugar que queremos cambiar a mejor, pero por ahora, vamos de mal en peor.
Esta soy yo, Odet, pero mis buenos amigos, los de verdad, los que están ahí siempre que los necesitas, son dos;  a los demás suelo llamarles "amigos", pero solo por "cumplir". Como os decía, tengo solamente dos amigos, Colin y Ethan y sí ambos son tíos, hay ciertas personas que no ven bien que una chica, tenga como mejor amigo a un chico, en este caso, yo tengo dos.
Y os preguntaréis, ¿Odet? ¿Cómo la "Princesa Cisne"? Pues sí; por desgracia tengo una hermana mayor y da la casualidad que esa era su princesa favorita , mi madre estaba encantada con ese nombre.
-Patitoooo.-dijo alargando la "o", cuando se acercaba a mí.
-Hola idiota.-dije mientras daba un fuerte abrazo a Ethan. Me llama Patito, porque dice que todavía no me he convertido en un cisne.
-¿Qué clase te toca ahora?-preguntó.
-A mi matemáticas-dije poniendo cara de asco- ¿y a ti?
-Biología, voy a clase, llegaré tarde-dijo dándose media vuelta y subiendo la escalera. Y ese era Ethan, tan puntual como siempre, tan perfeccionista.
Cuando por fin sonó el timbre, al cabo de cinco minutos, después de que se fuera; me dirigí a mi querida clase: matemáticas. No es que tenga asco yo a la asignatura, me lo tiene ella a mí, ya que me cuesta mucho que algo me salga bien, sobre todo los problemas, tengo ya bastante con los míos, como para ocuparme; de cuántos coches compra Pepe, de las dimensiones del jardín de Pedrito o cuánto cobra Juanita.
Mi vida es sencilla y aburrida, no tiene más, la rutina la llena toda. Vivo en una pequeña ciudad, una ciudad dónde todo el mundo sabe quién es quién y no puedes hacer gran cosa, por miedo a que te juzguen, eso fue lo que mi madre me repitió tantas veces cuando yo quería hacer cosas fuera de lo normal.
Mis padres se separaron cuando yo tenía unos seis años, ya no les recuerdo juntos. Paso la semana con mi madre, pero cada tres fines de semana, tengo que quedarme en casa de mi padre, que por cierto, en estos once años que llevan separados, ya he tenido unas cinco madrastras, pero no suelen durar mucho, de eso me encargo yo.
Como dije antes, me considero diferente, pero no especial; ya que a diferencia de las demás, altas, con cuerpazos de gimnasio, pelo largo… yo soy bajita, tengo el pelo a media melena, no estoy delgada, pero tengo algunas curvas.

Esta es la última hora, literatura, mala hora para ser última. Cuando por fin la tortura terminó, pude irme a mi casa, no estaba muy lejos, unos veinte minutos andando, me encanta ponerme los cascos con mi música favorita. Ethan siempre viene conmigo, vive a dos casas de la mía, somos vecinos, vivimos en un barrio residencial, donde la mayoría de las casas está formada por familias con niños pequeños. Las mismas casas, la misma monotonía.

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