Ir al contenido principal

¿Cómo dejas de querer a alguien?

La gran pregunta que muchos de nosotros o todos en algún momento de nuestra vida nos hacemos es esta:
"¿Cómo dejas de querer a alguien?"
Pues la verdad es que al principio pensarás que es algo imposible, que siempre querrás a esa persona y la amarás como lo has hecho hasta ese momento, pero no, no es cierto. 
En ese momento pensamos eso porque la herida todavía está abierta, es reciente y sangra; pero cuando comiencen a pasar los días e incluso a veces hasta meses esa herida solo dolerá en ciertos momentos cuando algún que otro recuerdo te atormente. Nada más. Lo mejor para eso es dejar que esos recuerdos fluyan, si vienen a tu mente será pro algo, déjalos que pasen, no los ignores porque tal vez puede ser lo peor que hagas. Y cuando ya hayan pasado comienza a hacer algo, cualquier cosa que te guste, que te llene. Eso te mantendrá ocupado y no pensarás tanto en cosas dañinas para tu persona. 
Actúa de esta forma, date tu tiempo. 
Entonces llegará un día en el que ya no extrañarás a nadie, no esperarás ningún mensaje y será a partir de ese momento cuando comiences a sentirte bien. 
Así de sencilla y bonita es la vida, te ayudará cuando menos te lo esperes para hacerte fuerte y enseñarte a quererte y valorarte antes de querer o valorar más a otra personas.

Comentarios

  1. Hola muy buenos días yo tengo una pregunta, estás enamorada?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Enamorada? La verdad es que no. No creo que esté preparada para dejar que alguien vuelva a hacerme daño.
      Puedo preguntar, a qué se debe la pregunta?

      Eliminar
    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

"Palabras".

"Bum,bum,bum" Ese inquietante sonido ya ha comenzado, martillea mis oídos de una forma constante, interminable. Desquicia. Desespera. "Bum,bum". Otra vez vuelve a sonar ese tamborileo, sobre todo cuando hay un absoluto y completo silencio a tu alrededor. Comienza a volverte loco, por lo que llenas ese vacío y aterrados silencio con música o con tu propia voz. Desaparece, aunque no del todo. Vuelve a comenzar ese interminable ruido. "Bumbum,bumbum,bumbum..." No para. Cada vez suena más rápido, cuán caballo desbocado. "Bumbum,bumbum,bumbum,bumbum..." Será poco antes de escuchar tu último latido, cuando te des cuenta de que esa molesta melodía era lo más bello que te mantenía con vida. Pero entonces, será demasiado tarde. Todo habrá acabado. Entonces, por fin, todo será silencio. "(Rubatosis =  la inquietante conciencia de sentir nuestro propio latido del corazón)"

Vivir.

Hay momentos en la vida, más bien etapas, en las cuales "estar vivo"o "viviendo" no es cierto. Hay etapas en nuestra vida en las que solo respiramos, pero no vivimos. Porque respirar y vivir no son los mismo. Respirar lo haces cada día, cada segundo; pero vivir no lo haces siempre. Vivir consiste en reír, llorar,sufrir,amar,romperse,cantar en la ducha a voz en grito, cometer locuras, soñar, dejarse llevar por los sentimientos,ser impulsivo, cumplir tus sueños, no atarse y sobre todo disfrutar cada instante.  Mientras que respirar solo consiste en coger aire y expulsarlo. Por eso mis perdidos lectores, ¿vosotros estáis vivos o solo respiráis?

No hay penas que maten.

No hay excusas que bailen al compás de esa última canción que nos prometimos. Que quererse no está de más,  pero quererte ya está de menos,  y así estoy con el orgullo a rastras y el ego tocado a punto de hundirse.  Me conformé con quererte, dejándome de lado. Ya no hay penas que valgan. Ni perdón que lo solucione. Que las cosas pasan porque pasan  y que nunca lo entenderemos. Que a veces los sacrificios son necesarios,  aunque sean duros,  son buenos. Me dolía quererte,  pero me dolió menos marcharme.  Ahora puedo decir que soy libre,   sin quererlo me encerré a mí misma en una jaula a la que decidí llamar libertad,  para así sentirme mejor. Hay palabras vivas y sentimientos muertos,  con ellos morí y en ellas trato de refugiarme para intentar olvidarte. Porque no hay excusas que valgan,  ni penas que maten.