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"NEVERLAND." Desamor.

No fue el olor a café recién hecho el que me despertó, esta vez todo era silencio, todo era oscuridad.

 Se había ido.

 Y recuerdo aún como me dolían las tristes palabras escritas sin orden alguno en un pequeño papel, en un mísero ticket de la compra. Sus despedidas eran las peores, estas venían seguidas de un rostro descompuesto, de un nudo en la boca del estómago; de unas palabras dichas en bajo sin ni siquiera una fugaz mirada.

 Nada. Tampoco un lo siento, un no te merezco. Solo la estúpida escusa de que te mereces a alguien mejor que yo; porque no eres tú, soy yo. ¿Cuántas relaciones habrán acabado así, no?

Entonces me di cuenta de que nos creemos invencibles prometiéndonos un siempre, que siempre termina, aunque no queramos. Es triste pero cierto, como los últimos  días del verano, el final a medias de un libro, la última calada de un cigarro… Todo termina y aunque a veces comience no volverá a ser lo mismo; el sol se va y se esconde aunque aparece al día siguiente, nunca es lo mismo.
Y de esa forma fue como terminó nuestra corta historia, corta aunque intensa. Con gritos y llantos de por medio, con reconciliaciones a medias y con un "adiós" qué cortó con todas las esperanzas que mi triste y desolada alma albergaba.

Las sirenas ya no eran lo mismo, estorbaban, eran iguales que ella. Tenían su misma cara, su mismo pelo, su misma sonrisa; esa sonrisa que un tiempo atrás rompía todos mis esquemas, esa sonrisa que me volvía loco.

Éramos todo lo contrario, no hicimos caso a las advertencias que nos dijeron una vez tras otra, fui estúpidos, estúpidos enamorados que se creen perfectos y creen poseer el poder de superar todo aquello que les ponga por medio. Queríamos ser esa excepción, pero sin duda alguna, fuimos otros tontos que el mundo derrotó con una dosis de realidad.


La revolución se fue de mi vida para dejar un enorme vació que estaba lleno de odio, dolor, rencor y sobre todo de desamor.

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"Palabras".

"Bum,bum,bum" Ese inquietante sonido ya ha comenzado, martillea mis oídos de una forma constante, interminable. Desquicia. Desespera. "Bum,bum". Otra vez vuelve a sonar ese tamborileo, sobre todo cuando hay un absoluto y completo silencio a tu alrededor. Comienza a volverte loco, por lo que llenas ese vacío y aterrados silencio con música o con tu propia voz. Desaparece, aunque no del todo. Vuelve a comenzar ese interminable ruido. "Bumbum,bumbum,bumbum..." No para. Cada vez suena más rápido, cuán caballo desbocado. "Bumbum,bumbum,bumbum,bumbum..." Será poco antes de escuchar tu último latido, cuando te des cuenta de que esa molesta melodía era lo más bello que te mantenía con vida. Pero entonces, será demasiado tarde. Todo habrá acabado. Entonces, por fin, todo será silencio. "(Rubatosis =  la inquietante conciencia de sentir nuestro propio latido del corazón)"

Vivir.

Hay momentos en la vida, más bien etapas, en las cuales "estar vivo"o "viviendo" no es cierto. Hay etapas en nuestra vida en las que solo respiramos, pero no vivimos. Porque respirar y vivir no son los mismo. Respirar lo haces cada día, cada segundo; pero vivir no lo haces siempre. Vivir consiste en reír, llorar,sufrir,amar,romperse,cantar en la ducha a voz en grito, cometer locuras, soñar, dejarse llevar por los sentimientos,ser impulsivo, cumplir tus sueños, no atarse y sobre todo disfrutar cada instante.  Mientras que respirar solo consiste en coger aire y expulsarlo. Por eso mis perdidos lectores, ¿vosotros estáis vivos o solo respiráis?

No hay penas que maten.

No hay excusas que bailen al compás de esa última canción que nos prometimos. Que quererse no está de más,  pero quererte ya está de menos,  y así estoy con el orgullo a rastras y el ego tocado a punto de hundirse.  Me conformé con quererte, dejándome de lado. Ya no hay penas que valgan. Ni perdón que lo solucione. Que las cosas pasan porque pasan  y que nunca lo entenderemos. Que a veces los sacrificios son necesarios,  aunque sean duros,  son buenos. Me dolía quererte,  pero me dolió menos marcharme.  Ahora puedo decir que soy libre,   sin quererlo me encerré a mí misma en una jaula a la que decidí llamar libertad,  para así sentirme mejor. Hay palabras vivas y sentimientos muertos,  con ellos morí y en ellas trato de refugiarme para intentar olvidarte. Porque no hay excusas que valgan,  ni penas que maten.