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LA VENGANZA ESTÁ ECHADA. Parte 9.

KRISTEN.
Me desperté, hoy era sábado, por lo tanto tendría toda la casa para mí, ya que los sábados eran los días en familia y papá nos llevaba a cualquier lugar para divertirnos; pero yo avisé que este sábado no iría.
Escuché un ruido, mi nana no podía ser; ya que hoy tenía día libre. Bajé las escaleras intentando hacer el menos ruido posible y… ahí estaba él. En mi cocina, haciendo café y tortitas.
-¿Qué coño haces en mi cocina?¿Cómo has entrado?
-Joder, Kris me has asustado.
-¿Qué yo te he asustado? ¿Tú ves normal entrar en casa ajena, así tal cual, cuando la gente duerme? Joder. ¿Cómo vienes tan temprano?
-¿Temprano? Son las doce Kris. Yo solo quería darle una sorpresa a mi querida novia, por cierto estás más guapa así-dijo mirándome de arriba abajo con una sonrisa maliciosa. No me había dado cuenta de cómo iba, era normal que me mirara así, llevaba una camiseta corta y unas bragas bastante transparentes.
-Joder, no mires. Date la vuelta-dije mientras le miraba con cara de enfadada, me daba igual que me viera en bragas, pero no era lo apropiado.
-Venga nena, no te enfades, si tarde o temprano, te veré con mucha menos ropa-dijo mientras se acercaba cada vez más a mi boca. Pero fui capaz de apartarme antes de que sus labios rozaran los míos.
-Voy a cambiarme y desayunamos ¿vale-dije cuando ya estaba subiendo por las escaleras.
Cuando bajé, en la mesa de la cocina había café, tortitas, fruta…
-Qué rico desayuno-dije mientras me sentaba frente a él.
-No sabía que comerías, así que busque un poco y puse esto..-dijo mientras se arrascaba la nuca.
-Esto está bien-dije sonriendo ampliamente.
-¿Qué quieres, fruta?
-¿Te crees que soy como las demás chicas con las que has estado? ¿De esas que solo toman fruta y batidos con cosas raras para estar delgada?-dije seria.
-No sé..
-Pues ya lo sabes, así que, si me haces el favor, no me compares con alguna de tus putitas, gracias.
Después del desayuno, un muy fuerte desayuno. Sam se quedó flipando al ver todo lo que comí.
-¿Qué quieres hacer?
-No lo sé Sam… Tengo que estudiar… ¿nos vemos mejor el lunes en el instituto, vale?
-Bueno…está bien, pero quiero un beso-dijo aproximándose.
-Vale…-dije mientras yo también me acercaba a él, pero justo cuando nuestros labios estaban a punto de rozarse, el móvil de Sam empieza a sonar. Uf, Kris, salvada por la campana.
-¿Si?¿Qué quieres?-dijo serio.-Está bien, voy para allá.-dijo mientras colgaba y se despedía con la mano de mí.

Por fin… vaya tortura…

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Seamos así.

Seamos eso que todos quieren llegar a ser, pero siendo nosotros mismos y consiguiendo todo aquello que queremos. Seamos todas esas promesas que nos hicimos un día. Seamos ese cuento de hadas frente a todos, tú el príncipe y yo la princesa, aunque el cubo de la basura sea nuestro castillo, pero vivamos esa historia que siempre hemos imaginado. Seamos un película porno cada noche. Seamos nosotros. Seamos así.

Vivir.

Hay momentos en la vida, más bien etapas, en las cuales "estar vivo"o "viviendo" no es cierto. Hay etapas en nuestra vida en las que solo respiramos, pero no vivimos. Porque respirar y vivir no son los mismo. Respirar lo haces cada día, cada segundo; pero vivir no lo haces siempre. Vivir consiste en reír, llorar,sufrir,amar,romperse,cantar en la ducha a voz en grito, cometer locuras, soñar, dejarse llevar por los sentimientos,ser impulsivo, cumplir tus sueños, no atarse y sobre todo disfrutar cada instante.  Mientras que respirar solo consiste en coger aire y expulsarlo. Por eso mis perdidos lectores, ¿vosotros estáis vivos o solo respiráis?

Vale la pena.

Entonces te das cuenta de quién está ahí para ti a horas impensables, quien se desvela contigo cuando los recuerdos te atormentan, quién se tumba junto a ti cuando has caído y no quieres ponerte en pie de nuevo, esa persona que intenta sacarte una sonrisa cada día, esa persona que hace todo lo que puede para que no te agobies; ya sea contándote historias o hablando de cualquier tontería. Te das cuenta de quien es tu apoyo , tu soporte... Es en un momento cualquiera en el que te vuelves consciente de lo que esa persona hace por ti, te das cuenta de que sí te quiere; porque de no ser así, no haría todo lo que hace por ti. Es entonces cuando te das cuenta de quién vale la pena, de quién debe estar junto a ti. Solo debes pararte a pensar en quién está dispuesto a hacer cosas por ti, si alguien no está dispuesto a hacer lo mismo por ti de lo que haces tú por esa persona; si no es así aléjala de tu vida, valdrá la pena.