Ir al contenido principal

Con prisas.

Todo en nosotros son prisas, nos despertamos y rápidamente nos preparamos de cualquier forma para llegar a clase o al trabajo... de camino tratamos de ir deprisa y cuando por algún momento eso no se puede, nos frustra.
Cuando más bien tarde que pronto llegamos, queremos que nuestra jornada pase rápida, para poder hacer lo que nos gusta o simplemente no hacer nada. Y para volver a casa, pues con más prisas todavía.
Estamos convirtiéndonos en unos controladores del tiempo que nunca quieren agotarlo y por eso mismo quieren hacer todo en menos tiempo. Pero este pasa, aun sin que nos demos cuenta tanto para bien, como para mal y nosotros con nuestra estúpida prisa pasamos por desapercibido el más pequeño y mágico de los detalles que podemos tener en nuestra vida cotidiana. ¿Cuánto tiempo hace que no te paras a contemplar una puesta de sol? ¿Has salido a ver el cielo una noche cualquiera? ¿Te has parado a pensar en el poco tiempo que dedicas a los tuyos? ¿Hace cuanto tiempo no te paras para relajarte y hacer algo que te guste?
Tal vez mucho o poco, quién sabe, pero por lo general ya poca gente es la que lo hace, todos tenemos prisas para todo; incluso para el amor. La gente ya no se toma tiempo en enamorar a otra persona, la gente ya no tiene esos pequeños detalles que de alguna forma marcan la diferencia.
Las personas tienen prisas para todo, algunos tienen tantas ansias por vivir tantas y tan diferentes experiencias, que no se dan cuenta de que no hace falta gastar todos los cartuchos de golpe. Aunque es cierto que la vida es corta y en algunos casos demasiado, pero no por ello debemos precipitar las cosas, es preciso dejas las cosas fluir y que todo pase a su debido tiempo, con calma.

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Palabras".

"Bum,bum,bum" Ese inquietante sonido ya ha comenzado, martillea mis oídos de una forma constante, interminable. Desquicia. Desespera. "Bum,bum". Otra vez vuelve a sonar ese tamborileo, sobre todo cuando hay un absoluto y completo silencio a tu alrededor. Comienza a volverte loco, por lo que llenas ese vacío y aterrados silencio con música o con tu propia voz. Desaparece, aunque no del todo. Vuelve a comenzar ese interminable ruido. "Bumbum,bumbum,bumbum..." No para. Cada vez suena más rápido, cuán caballo desbocado. "Bumbum,bumbum,bumbum,bumbum..." Será poco antes de escuchar tu último latido, cuando te des cuenta de que esa molesta melodía era lo más bello que te mantenía con vida. Pero entonces, será demasiado tarde. Todo habrá acabado. Entonces, por fin, todo será silencio. "(Rubatosis =  la inquietante conciencia de sentir nuestro propio latido del corazón)"

Vivir.

Hay momentos en la vida, más bien etapas, en las cuales "estar vivo"o "viviendo" no es cierto. Hay etapas en nuestra vida en las que solo respiramos, pero no vivimos. Porque respirar y vivir no son los mismo. Respirar lo haces cada día, cada segundo; pero vivir no lo haces siempre. Vivir consiste en reír, llorar,sufrir,amar,romperse,cantar en la ducha a voz en grito, cometer locuras, soñar, dejarse llevar por los sentimientos,ser impulsivo, cumplir tus sueños, no atarse y sobre todo disfrutar cada instante.  Mientras que respirar solo consiste en coger aire y expulsarlo. Por eso mis perdidos lectores, ¿vosotros estáis vivos o solo respiráis?

No hay penas que maten.

No hay excusas que bailen al compás de esa última canción que nos prometimos. Que quererse no está de más,  pero quererte ya está de menos,  y así estoy con el orgullo a rastras y el ego tocado a punto de hundirse.  Me conformé con quererte, dejándome de lado. Ya no hay penas que valgan. Ni perdón que lo solucione. Que las cosas pasan porque pasan  y que nunca lo entenderemos. Que a veces los sacrificios son necesarios,  aunque sean duros,  son buenos. Me dolía quererte,  pero me dolió menos marcharme.  Ahora puedo decir que soy libre,   sin quererlo me encerré a mí misma en una jaula a la que decidí llamar libertad,  para así sentirme mejor. Hay palabras vivas y sentimientos muertos,  con ellos morí y en ellas trato de refugiarme para intentar olvidarte. Porque no hay excusas que valgan,  ni penas que maten.