Ir al contenido principal

Cuando me amé de verdad. #recopilandomomentos

Cuando realmente comencé a amarme, fue el día en el que sí me respeté realmente, ya que me alejé de todo aquello que no era saludable para mi. Comprendí que es eso a lo llaman <<amor propio>>, dejé de tener miedo  al tiempo libre y comencé a mantenerme en el presente. Me dí cuenta de que tener siempre la razón o al menos intentar tenerla, no sirve de nada, he aprendido que es mejor cometer errores de vez en cuando, que de nada sirve intentar ser tan perfeccionista, esa perfección tan perfecta a veces puede llegar a ahogarte, oprimirte.
Fue el día en el que comencé a amarme cuando descubrí la plenitud. También fue ese día en el que entendí como mi mente puede perturbarme, como puede llegar a decepcionarme, a dañarme, a romperme en mil pedazos.
El día que comencé a amarme comprendí que mi vida depende de mi, que nadie es más importante en ella que yo. Que habrá gente que estará poco tiempo en ella y puede que otros se queden hasta el final. Que hay buenas y malas rachas, pero que tanto una como otra no duran eternamente, que tanto la felicidad como el dolor con el tiempo se esfuman. Aprendí que de nada sirve estar mal, que solo puedes sonreír porque llorar empieza desde ahora a estar prohibido.
Ese mismo día comencé a cerrar los ojos y a respirar profundo para sentir, para dejarme llevar, empecé a fijarme más en los pequeños detalles que antes pasaban desapercibidos ante mis sentidos.
También me fijé más en las personas que están a mi alrededor y me quieren, comprendí que a esas personas les debo gratitud, cariño, apoyo y buenos momentos.
Fue el día en el que me amé de verdad, el día que descubrí la clave de todo: saber vivir.

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Palabras".

"Bum,bum,bum" Ese inquietante sonido ya ha comenzado, martillea mis oídos de una forma constante, interminable. Desquicia. Desespera. "Bum,bum". Otra vez vuelve a sonar ese tamborileo, sobre todo cuando hay un absoluto y completo silencio a tu alrededor. Comienza a volverte loco, por lo que llenas ese vacío y aterrados silencio con música o con tu propia voz. Desaparece, aunque no del todo. Vuelve a comenzar ese interminable ruido. "Bumbum,bumbum,bumbum..." No para. Cada vez suena más rápido, cuán caballo desbocado. "Bumbum,bumbum,bumbum,bumbum..." Será poco antes de escuchar tu último latido, cuando te des cuenta de que esa molesta melodía era lo más bello que te mantenía con vida. Pero entonces, será demasiado tarde. Todo habrá acabado. Entonces, por fin, todo será silencio. "(Rubatosis =  la inquietante conciencia de sentir nuestro propio latido del corazón)"

Vivir.

Hay momentos en la vida, más bien etapas, en las cuales "estar vivo"o "viviendo" no es cierto. Hay etapas en nuestra vida en las que solo respiramos, pero no vivimos. Porque respirar y vivir no son los mismo. Respirar lo haces cada día, cada segundo; pero vivir no lo haces siempre. Vivir consiste en reír, llorar,sufrir,amar,romperse,cantar en la ducha a voz en grito, cometer locuras, soñar, dejarse llevar por los sentimientos,ser impulsivo, cumplir tus sueños, no atarse y sobre todo disfrutar cada instante.  Mientras que respirar solo consiste en coger aire y expulsarlo. Por eso mis perdidos lectores, ¿vosotros estáis vivos o solo respiráis?

No hay penas que maten.

No hay excusas que bailen al compás de esa última canción que nos prometimos. Que quererse no está de más,  pero quererte ya está de menos,  y así estoy con el orgullo a rastras y el ego tocado a punto de hundirse.  Me conformé con quererte, dejándome de lado. Ya no hay penas que valgan. Ni perdón que lo solucione. Que las cosas pasan porque pasan  y que nunca lo entenderemos. Que a veces los sacrificios son necesarios,  aunque sean duros,  son buenos. Me dolía quererte,  pero me dolió menos marcharme.  Ahora puedo decir que soy libre,   sin quererlo me encerré a mí misma en una jaula a la que decidí llamar libertad,  para así sentirme mejor. Hay palabras vivas y sentimientos muertos,  con ellos morí y en ellas trato de refugiarme para intentar olvidarte. Porque no hay excusas que valgan,  ni penas que maten.